03/08/2026

Polonia: cerca de quienes tuvieron que empezar de nuevo

Cincuenta jóvenes españolas han participado este verano en un programa de voluntariado internacional en Polonia, donde han colaborado con distintas iniciativas de apoyo a personas refugiadas procedentes de Ucrania y con proyectos sociales dirigidos a personas mayores, familias y menores. 

Desde el inicio de la guerra en Ucrania, Polonia se ha convertido en uno de los principales países de acogida para millones de personas que han tenido que abandonar sus hogares. En este contexto, un grupo de estudiantes españolas ha viajado este verano para colaborar con entidades sociales que trabajan diariamente acompañando a quienes han tenido que empezar de nuevo lejos de casa.

Durante varios días, las voluntarias han participado en diferentes proyectos repartidas por distintas comunidades, respondiendo a necesidades muy diversas y adaptándose al trabajo que desarrollan las organizaciones locales.

Siete proyectos, un mismo objetivo

Lejos de centrarse en una única actividad, el voluntariado ha permitido a las jóvenes conocer diferentes realidades sociales.

Han colaborado en la limpieza y mejora de viviendas de personas mayores que viven solas, apoyando a quienes encuentran dificultades para mantener sus hogares en condiciones adecuadas.

También han trabajado junto a parroquias locales, participando en tareas de mantenimiento y preparación de espacios que acogen actividades sociales durante todo el año.

Otra parte importante del programa ha estado dedicada a la organización de campamentos de verano para niños, diseñando juegos, talleres y actividades educativas que ofrecieran a los más pequeños un espacio de convivencia, aprendizaje y diversión durante las vacaciones.

Además, los voluntarios han colaborado en un comedor social que presta apoyo a personas en situación de vulnerabilidad, contribuyendo a las tareas diarias de preparación y atención a los usuarios.

Cerca de quienes han tenido que empezar de nuevo

Uno de los aspectos más significativos del proyecto ha sido el contacto con personas refugiadas procedentes de Ucrania.

Muchas de ellas llegaron a Polonia tras verse obligadas a abandonar su país a causa de la guerra, dejando atrás su hogar, su trabajo y buena parte de su vida.

El voluntariado ha permitido comprender que la acogida va mucho más allá de cubrir necesidades materiales. Escuchar, compartir tiempo y crear espacios donde las personas puedan sentirse acompañadas también forma parte del proceso de reconstrucción.

Conocer sus historias ha ayudado a los participantes a poner rostro a una realidad que, con frecuencia, solo conocemos a través de las noticias.

La experiencia en Polonia pone de manifiesto que la solidaridad no depende de la distancia ni del continente. Allí donde existen personas mayores en soledad, familias desplazadas por un conflicto o niños que necesitan oportunidades para crecer, siempre hay espacio para el compromiso.

Los cincuenta jóvenes regresan a España con una mirada más amplia sobre Europa y sobre el papel que cada persona puede desempeñar en la construcción de una sociedad más acogedora y solidaria.