05/07/2021

Educar la inteligencia sensible, para vivir en un mundo más social

El novedoso concepto de “inteligencia sensible” promueve la originalidad de cada persona. Luis Manuel Martínez, Doctor en Pedagogía y profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, aborda este término en su nuevo libro «Educar la inteligencia sensible». Cuando se trabaja con jóvenes que pretenden desarrollar su personalidad en consonancia con las necesidades de su entorno, tendiendo puentes hacia el servicio a los demás a través del voluntariado, este concepto de la inteligencia sensible resulta clave.

“Anda, no seas tan susceptible”, “Lo tuyo es sufrir” o “No me digas que esto te afecta” son expresiones a las que estamos muy acostumbrados. Resulta habitual crecer en un ambiente en el que se encasilla de manera automática lo que es normal y lo que no lo es. Mostrarse excesivamente sensible puede provocar situaciones incómodas en la sociedad actual: se asocia a un posible rasgo de inmadurez en esas personas que adolecen de este “problema”, así como, tradicionalmente, se atribuye más a las mujeres que a los hombres.  Sin embargo, en realidad, es una condición extraordinaria para percibir muchos aspectos de la vida y del ser humano que para otros pasan desapercibidos. Cada vez se habla más de las Personas Altamente Sensibles (PAS), concepto introducido por la psicóloga norteamericana Elaine Aron en los años 90 y que afecta al “15-20 % de la población, tanto a hombres como a mujeres”, según los últimos estudios.

El novedoso concepto de “inteligencia sensible” promueve la originalidad de cada persona. Luis Manuel Martínez Domínguez, Doctor en Pedagogía y profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, aborda este término en su nuevo libro Educar la inteligencia sensible. Guía para padres de hijos con alta sensibilidad, publicado por EUNSA (2021).“Tener alta inteligencia sensible no es un trastorno sino una dotación”, afirma este profesor, aunque en un mundo donde todo se encasilla supone una dificultad. “Cuando una persona presenta una sensibilidad muy alta, vive con mucha intensidad, es intuitivo, sus pensamientos son profundos, tiene mucha empatía, una fuerte emotividad, alta creatividad, bondad, ternura, energía y todo con una apariencia de normalidad que hace pensar que esa persona tiene algo especial”, argumenta. Pero el término que se explica en este libro va mucho más allá de ser una obra pensada de manera exclusiva para las familias

Un concepto clave en el ámbito social

Desde el ámbito más social, cuando se trabaja con jóvenes que pretenden desarrollar su personalidad en consonancia con las necesidades de su entorno, tendiendo puentes hacia el servicio de los demás a través del voluntariado y su implicación personal, este concepto de la inteligencia sensible resulta clave. No se trata de formar a las personas desde la concepción de la educación como habituación o costumbre sin más, sino teniendo en cuenta ese “tercer factor” del que habla Dabrowski y rescata Luis Manuel Martínez, para mejorar la sociedad en la que vivimos y dar valor a la originalidad de la persona.

A pesar de la profundidad de la teoría de la desintegración positiva de Dabrowski, en definitiva, lo que viene a decir es que la mayoría de la gente vive de un modo gregario, obedeciendo esos impulsos biológicos (“primer factor”) y acorde a las convenciones sociales (“segundo factor”). De tal modo que se persiguen básicamente esas metas de desarrollo personal (egocéntrico) en el marco de unos patrones culturales y sociales comunes. Lo que conlleva a que la creatividad más auténtica y la expresión singular de cada sujeto se quedarían anuladas por esos estándares establecidos de manera latente en la sociedad.

En el mundo en el que vivimos, podemos llegar a sentir que impera un egocentrismo natural como máxima individual (“y qué gano yo con todo esto”, “quiero ascender a cualquier precio porque me lo merezco más que nadie”…). Y no sólo esto, sino que ante esta manera de vivir que se traslada en múltiples ámbitos, se corre el riesgo de naturalizar determinados comportamientos porque “todos lo hacen así”, justificando erróneamente esas tendencias sociales. Sin embargo, a pesar de esa “desintegración negativa” del individuo basada en el empobrecimiento y la visión reduccionista de la vida, existe un tipo de personas que muestran un desarrollo diferente en este mundo diluido. En este punto, “el voluntariado constituye una vía muy potente para lograr ese `ajuste positivo´ necesario en el mundo en el que nos encontramos”, asegura Luis Manuel Martínez. Este cauce para lograr un verdadero progreso personal en relación con los demás posibilita el crecimiento integral y completo de cada individuo. “El talento particular de cada uno y la creatividad singular se vuelcan de manera directa en la transformación social”, asegura.

Ayudar a otro desarrolla una dimensión imprescindible en el ser humano

A través del descubrimiento de la inteligencia sensible de cada uno se pretende “desarrollar el potencial de cada persona, buscando la mejor versión original de cada joven, de cada adolescente”, afirma. Y en esa búsqueda del proyecto personal de vida de cada uno de nosotros, la entrega a las personas que nos necesitan supone un punto de encuentro vital para desarrollar esta dimensión imprescindible en el ser humano.

El concepto de la inteligencia sensible introduce una nueva perspectiva de la inteligencia emocional, acuñada por Salovey y Mayer en los años noventa y posteriormente recogida por Goleman en su bestseller que han revolucionado la consideración de la inteligencia hasta ese momento. Años después, los estudios del investigador Martínez Domínguez  puntualizan que este concepto no es tanto un tipo de inteligencia en sí sino la propia “gestión inteligente de las emociones en la persona”. Esta apuesta por la inteligencia sensible desde la educación y la formación engloba la “inteligencia emocional” desde esta óptica. Pero da un paso más allá, al reclamar el máximo protagonismo de la persona hacia su propia libertad de reconocer su papel individual en el mundo, pero desde una visión colectiva y responsable del entorno. Lo que se traduce en que esa potencialidad única que nos convierte en personas se pueda poner al servicio de los demás y constituir parte del cambio social.