Cuando aprender un oficio se convierte en una oportunidad de vida
En el altiplano occidental de Guatemala —en Quetzaltenango, Cantel y Zunil— muchas mujeres y jóvenes viven con pocas opciones de empleo y escaso acceso a formación. Para ellas, construir un futuro estable no siempre es fácil.
Por eso nació el proyecto “Impulso al Trabajo Decente para Mujeres y Jóvenes de Quetzaltenango”, impulsado por Cooperación Internacional – Comunidad de Madrid y Fundap. Su objetivo es simple: dar a estas personas la oportunidad de aprender un oficio y mejorar sus posibilidades de vida.

Formación que cambia historias
En 2025, más de 435 estudiantes participaron en los cursos técnicos del proyecto.
- 76 % fueron mujeres.
- 75 % menores de 30 años.
- 8,7 % tenía alguna discapacidad, en su mayoría visual.
Muchos llegaron sin experiencia previa. En los talleres de confección, repostería, estilismo o mecánica, empezaron desde cero… y descubrieron que sí podían.


Una participante lo cuenta así:
“Yo no sabía hacer pasteles. En el examen hicimos una venta y gustó tanto que nos empezaron a hacer pedidos. Con unos compañeros empezamos nuestro negocio y nos ha ido bastante bien.”
Para otras, aprender un nuevo oficio significó abrir su propio emprendimiento desde casa:
“Estudié corte y confección. No sabía usar una máquina. Ahora tengo mi emprendimiento y trabajo con mis hermanos. Ganamos algo de dinero y estoy muy agradecida.”
Incluso algunos mejoraron negocios ya existentes:
“Tenía una venta de repuestos de motos, pero no sabía de mecánica. Ahora también doy servicio de reparación y nos está yendo muy bien.”
Mucho más que aprender una técnica
El proyecto también ofreció formación en habilidades personales y profesionales a más de 200 exestudiantes: cómo afrontar una entrevista, cómo comunicar mejor, cómo organizar un negocio o cómo ganar confianza. Porque para muchos, el reto no era solo técnico, sino creer que podían lograrlo.
Al finalizar, casi todos los participantes afirmaron haber mejorado sus oportunidades laborales. Más del 70 % ya estaba generando ingresos, ya sea con un empleo, un emprendimiento o ambos.
Un cambio que se ve en lo cotidiano
El impacto del proyecto se nota en pequeños gestos:
Una máquina de coser que ahora trabaja todos los días.
Una cocina donde entran nuevos encargos.
Un taller donde empiezan a llegar clientes.
Como dijo una de las participantes:
“Debemos hacer valer nuestro trabajo. Si lo hacemos con excelencia, la gente nos recomienda.”


