'Lo único que pido a los Reyes Magos es que mi familia me perdone'

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Foto: Representación del monólogo de los residentes.

Cuando vives en la calle, “lo que más duele es que eres invisible. Todo el mundo pasa a tu lado y no te mira nadie, porque para ellos eres un borracho, un maleante. Y también se hace muy duro el frío, los insultos y el miedo a que te peguen. Por eso muchos se dan a la bebida o a la droga”. Así de crudo es el testimonio de personas que no tienen siquiera un techo bajo el que pasar la noche. Algunas de ellas han tenido la suerte de encontrarlo en el Centro de Acogida Santa María de la Paz, de los hermanos de S. Juan de Dios, en el barrio de Sanchinarro de Madrid. Allí  más de 100 personas sin hogar han encontrado no sólo un techo, sino una familia. Esta residencia, donde viven personas que han sufrido un grave deterioro, tras arrastrar una prolongada situación de calle, es uno de los destinos de los regalos de la campaña “Una sonrisa por Navidad”, de Cooperación Internacional ONG.

El día de la entrega, el jueves 18 de diciembre, los residentes abrieron su alma a los benefactores que se los llevaron, en un monólogo representado y un amplio y espontáneo turno de preguntas, en el que contaron sin reparo las duras experiencias vitales que les han llevado hasta allí y cómo es hoy su lucha por una vida mejor.

Ramón, por ejemplo, contó que era inspector de una empresa de seguridad, donde estuvo cuatro años, pero se quedó sin trabajo y se vio en la calle. “Tengo familia, pero la relación con ella es mala porque he sido alcohólico mucho tiempo, he hecho mucho daño. Así que de pronto me vi pasando la noche en un cajero", recordó. "Ahora el trabajo lo veo difícil porque tengo 52 años, pero estoy intentado ver cómo puedo montar una empresa de servicios auxiliares: limpieza, mantenimiento… Tampoco  es fácil, pero tengo mucha ilusión por salir adelante, con la esperanza de volver a ser lo que fui un día, de volver a abrazar a mi familia, a tener amigos… de saber que mañana me levanto y soy una persona nueva”, contó. Y tiene muy claro lo único que les pide este año a los Reyes: “No quiero ni lotería ni nada de eso, sólo pido que  mi familia empiece a perdonar todo lo que pasó, vea que soy una persona nueva y recuperar a mi hijo, que es muy importante”.

En la casa hacen actividades como teatro, informática o cultivo de un huerto urbano, cuyos productos venden a los visitantes. Los que, a pesar de la triste huella que deja la calle, aún tienen posibilidades de trabajar, también buscan un empleo. Pero, mientras no encuentren una salida a su situación, no tienen fecha de salida, porque realmente están en ‘su casa’. Todo el personal del centro trabaja con sumo cuidado y cariño, hasta en el mínimo detalle, para hacérselo sentir así. Y, a juzgar por lo que cuenta Ramón, lo consiguen: “ Vivir en Santa María de la Paz me ha cambiado la vida, es lo mejor que me ha podido pasar. He aprendido otra vez a vivir en familia, a compartir con los compañeros. Lo que más me ayudó fue la confianza, que me dijeran: ¡Ramón, puedes, tira para adelante!”

Ester García, trabajadora social del centro, cuenta que para ellos estas fechas son especialmente duras, por estar separados de sus familias, en un momento difícil. Por eso, agradecieron mucho la visita de los benefactores: “Recibir a gente que viene a visitarnos es una inyección de alegría y esperanza, porque así la gente no nos ve como bichos raros. Descubre que somos personas normales, que hemos tenido un tropiezo en la vida y estamos tratando de salir adelante”, explicaron los residentes.

Y también agradecieron mucho los regalos: “Lo más importante es el mimo y cariño con el que vosotros habéis pensado en una persona en concreto, que no conocéis de nada, y habéis decidido hacerles mágica una noche como la de hoy. Nuestra obra es posible gracias a personas como vosotros, que colaboran, a diferentes niveles, de manera solidaria, para que el mundo se convierta en un lugar más justo para todos”, dijo Ester a los asistentes. Y explicó que la casa vive “gracias a que la gente se implica de manera especial en estas fechas, pero estos centros abren los 365 días del año, 24 horas al día”.

Y uno de los días más esperados del año por los residentes es la representación teatral de Navidad, que este año es el 21 de diciembre a las 12 de la mañana. La preparan durante largo tiempo con enorme ilusión para sorprender al público. Además, tienen abierto un mercadillo navideño en el que se puede encontrar desde ropa hasta muebles a muy buen precio y de calidad.

¿Cuál es el secreto para salir del pozo en el que se cae tras una temporada viviendo en la calle y tratar de recuperar una vida ‘normal’? Según quienes lo han vivido en primera persona, “ante todo tienes que reconocer en qué te has equivocado y decidirte firmemente a cambiar, decir: ‘Me equivoqué y me arrepentí. Caí y me levanté. Ofendí y fui humilde. Pedí ayuda y respondí con gratitud. En nuestro caminar por la vida fuimos fuertes para pedir ayuda a los demás. Y nos damos cuenta de que hemos dejado muchas cosas por el camino, pero no lo hemos perdido todo, porque nos queda la dignidad y la humanidad.”. 

¡Gracias por esta inolvidable lección de vida y humildad!




LIVING FOR OTHERS

  • Con 20€ un niño recibirá un regalo nuevo por Navidad. 
  • Con 25€, nuestros voluntarios se acercarán a invitar a desayunar a 10 personas sin hogar
  • Con 120€ una familia recibe alimentos durante todo el año
  • Con 450€ una familia tendrá una vivienda más digna.
  • Con 325€ un voluntario podrá prestar su ayuda en el campo de trabajo de Tánger