'Hay cosas que no se pueden describir, sólo sentir', voluntaria del Desayuno Solidario

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Beneficiaria de la actividad del reparto de Desayunos Solidarios por las calles de Madrid.

Foto: @JavierValeiro

Verónica, es una de nuestras voluntarias de la actividad de Desayuno Solidario. Cada fin de semana, se hace granito de arena y comparte su tiempo con las personas sin hogar que viven en la calle. A partir de un café y unas galletas, esta acción solidaria permite a los jóvenes acercarse a la realidad de este colectivo que, desgraciadamente, cuenta con miles de personas en nuestro país que viven en una situación vulnerable. Con motivo del Global Youth Service Day, esta voluntaria comparte con nosotros una experiencia curiosa de cómo la vida de una persona puede cambiar de un momento a otro, sin esperarlo. Este relato describe la historia de Lara y Clemente, en una de esas mañanas en las que decides compartir tu tiempo con los demás.

"Hoy quiero compartir con vosotros/as una historia, de esas que te remueven y te emocionan, de esas que te permiten desconectar de tu “piloto automático”. De esas que merecen ser contadas para que alguien como tú las escuche.

Era un día precioso, el sol brillaba y las buenas conversaciones gratificantes e inspiradoras se sucedían. Era un día de estos en los que todo sale bien, donde no existen las malas noticias y sólo valen las palabras esperanzadoras. Creo que eso lo sentíamos todos/as. Nos sentíamos en armonía, el ambiente era…mágico. Podríamos decir que era un sitio en el que nos gustaba estar. No había otra cosa mejor que hacer que estar allí. Nuestro “ser” estaba allí. 

Estábamos andando por el Palacio Real en compañía de dos compañeros (Clemente y José), con quienes habíamos charlado anteriormente cerca de la Plaza Mayor, cuando Clemente observa cómo una bailaora de flamenco muestra su arte ante las personas que pasan por allí. Clemente, tímido, quiere cantar con ella pero no se atreve. Entonces nos despedimos de nuestro anterior amigo, el gran maestro del acordeón, y nos desplazamos para apoyarle. De forma natural, Clemente empieza a cantar mientras ella bailaba. En cuanto le oye, le sonríe y le lanza una mirada de complicidad acercándose a él. La imagen es espectacular. A la izquierda, todos/as nosotros/as apoyándoles, bailando, soltando “Olés” por doquier (aunque no supiéramos cuando hacerlo), cantando y dando palmas al ritmo de la canción. En ese momento tendríais que haber visto la cara de Clemente. Hay cosas que no se pueden describir, sólo sentir, y esta es una de ellas. Cuando acabaron la canción todo el mundo les aplaudía (turistas, personas que “pasaban” por allí, etc.). Lo habían conseguido. Lara, que así se llamaba la “artistaza”, sin ningún tipo de prejuicio y con una bondad digna de admiración, no dudó en felicitarle por su gran voz, agradecerle ese momento y pedirle que se uniera a ella como pareja artística. Clemente no se lo creía. No se creía que una persona pudiera confiar en él. De un plumazo su destino había cambiado, y una nueva esperanza se asomaba ante él. Ante él y su primo José, que iba a ser su asesor y que por supuesto iba a formar parte de este nuevo proyecto.

Nos despedimos con besos y abrazos honestos y prometimos volver cada domingo para ver su espectáculo. Era un hasta pronto. Y allí dejamos a los tres, quedando para un futuro ensayo y dándose los teléfonos. Lo último que recuerdo es girarme para verles y observar los ojos emocionados y vidriosos de Clemente, en armonía con los de Lara. Siempre agradecido.

Ahora pienso en la suerte que hemos tenido de ser partícipes de ese momento tan especial y, en realidad, de esa mañana; de la potencialidad que tiene el ser humano de cambiar las cosas y crear un mundo mejor, más humano. A veces la gente se pregunta qué hay que hacer para ser feliz, o para que tu vida cambie o sea más emocionante. Lo cierto es que son momentos como estos los que te llenan y te hacen vibrar por dentro y no querer nada más. 

Sin más, agradecer a mis compañeras y compañeros de desayunos solidarios esta aventura. Y que sean muchas más".

Verónica


LIVING FOR OTHERS

  • Con 20€ un niño recibirá un regalo nuevo por Navidad. 
  • Con 25€, nuestros voluntarios se acercarán a invitar a desayunar a 10 personas sin hogar
  • Con 120€ una familia recibe alimentos durante todo el año
  • Con 450€ una familia tendrá una vivienda más digna.
  • Con 325€ un voluntario podrá prestar su ayuda en el campo de trabajo de Tánger