Veinte años sumando fuerzas en Huancavelica, una de las zonas más pobres de Sudamérica

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Voluntarios trabajando en la construcción de viviendas

Foto: Cooperación Internacional ONG

El campo de trabajo de promoción social en la región peruana de Huancavelica celebra sus dos décadas de vida con la llegada de 17 jóvenes voluntarios que estarán del 5 al 30 de julio y que viajan desde el Área Territorial de Andalucía de Cooperación Internacional.

Es difícil llegar, pero más difícil aún es volverse”. Así resume el joven José Manuel Candilejo la experiencia de viajar a Perú y asistir al campo de trabajo en la región andina de Huancavelica, coordinado por la ONG Cooperación Internacional. Candilejo es uno de los 315 voluntarios que a lo largo de los últimos veinte años han trabajado en esta zona, una de las más deprimidas económica y socialmente de toda Sudamérica. 



La construcción de esta realidad solidaria continúa fraguando en 2018: 17 voluntarios  permanecerán en Huancavelica del 5 al 30 de julio. Gracias a la colaboración de Iberia, la empresa textil Tedisa y la Plataforma 07 del pueblo cacereño Huerta de Ánimas, que suman fuerzas a las donaciones de numerosos particulares, los voluntarios trabajarán en el programa de construcción de viviendas, refuerzo educativo y aprovechamiento del tiempo libre en el orfanato-aldea infantil de San Francisco de Asís, y en el programa de ayuda a las comunidades de Astobamba y Santa Ana.   

El  83% de la población de Huancavelica vive en situación de pobreza, y de esas personas, el 52% sufre pobreza total y un 41% pobreza extrema. Esta es la dura realidad de una zona de difícil acceso por su altura (casi 3.700 metros) y clima extremo. Pero también existe la realidad del trabajo voluntario de personas como José Manuel, que en estos veinte años han hecho posible que la constancia y la continuidad den sus frutos: 350 niños y 140 adultos se han beneficiado de forma directa (250 familias de forma indirecta) de las distintas actividades de este veterano proyecto de Cooperación Internacional, en el que han colaborado a lo largo de estos años 30 instituciones y más de 600 familias.   



No faltan voluntarios en Huancavelica. Luis Pallares estuvo en 2014. Él es otro de esos jóvenes que, desde su normalidad, han hecho cosas extraordinarias. “Animo a todos a unirse a este gran proyecto, que ayuda a desarrollarse a los que más lo necesitan, y que ayuda también a los propios voluntarios”, afirma.

En estos veinte años solidarios en la sierra sur-central de los Andes se han construido 18 casas para familias sin recursos, 6 cuartos de baño completos y se han visitado 37 comunidades (algunas a más de 4.000 metros de altura, como Astobamba, Ñuñungallocc o Yauli) para repartir material de primera necesidad, como las 1.380 mantas que ayudan a paliar el intenso frío de la región.  



El Programa de Promoción Social que se organiza durante el año en Huancavelica ha organizado actividades para unos 60 niños huérfanos, abandonados o con padres sin recursos en el orfanato- aldea infantil San Francisco de Asís, y ha contribuido a reforzar la formación escolar de 120 niños que participan en las actividades educativas y de tiempo libre, además de ayudarles a desarrollar hábitos y actitudes positivas.    

Son dos décadas que han dado mucho de sí para realizar actividades de apoyo no sólo a la infancia, sino a la mujer y a los colectivos más desfavorecidos. Cada año se ha llevado a cabo la distribución de alimentos y material de limpieza en colaboración con las comunidades locales o la convivencia con los presos de la cárcel San Fermín para acompañarles y donarles medicinas. Veinte años en los que los voluntarios no se han olvidado de los ancianos del asilo Santa Teresa Jornet. 



En Huancavelica, la vida es dura para sus habitantes, y los voluntarios viven con sobriedad, volcados en los programas de ayuda. Pero, como señala el joven Antonio Castro, “allí me di cuenta de que el 99,9% de mis preocupaciones eran absurdas”. Algo sucede en esas semanas en la mente y en el corazón de quienes van allí, porque, como confirma el voluntario Javier González-Espaliú, “fue una experiencia única que me marcó para el resto de mi vida y me formó como persona”



LIVING FOR OTHERS

  • Con 20€ un niño recibirá un regalo nuevo por Navidad. 
  • Con 25€, nuestros voluntarios se acercarán a invitar a desayunar a 10 personas sin hogar
  • Con 120€ una familia recibe alimentos durante todo el año
  • Con 450€ una familia tendrá una vivienda más digna.
  • Con 325€ un voluntario podrá prestar su ayuda en el campo de trabajo de Tánger