Zapatos de oro: una historia de la calle

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Foto: Área Territorial de Galicia - Cooperación Internacional ONG

Sin duda, el voluntariado es una oportunidad para muchas personas de tomar contacto con la realidad y formar parte de ella. Esta historia que nos llega desde el Facebook del Área Territorial de Galicia es uno de esos ejemplos que nos hacen ver con otros ojos la humanidad de nuestros voluntarios...

"Ayer fui testigo de uno de esos pequeños gestos de la juventud que cambian el mundo, gestos sorprendentes que te conmueven y te dejan impactado, pensativo y dando gracias a Dios en el caso de todos aquellos a los que nos mueve la fe. Son detalles que nos hablan de la grandeza del corazón humano. Al grano: al finalizar la ruta de los Desayunos Solidarios en una ciudad gallega nos dimos cuenta de que aún quedaba el último amigo por atender, un chico extranjero de unos 25 años que lleva casi tres años en nuestro país y que apenas habla tres palabras en nuestro idioma. Manos muy descuidadas, frío patente en su agradable rostro... sin embargo, se percibe un gesto muy apenado en su cara... hasta que nos ve y recupera esa mirada de confianza que tanto nos "enamora" a quienes tratamos a gente de la calle. 

Mendiga habitualmente de rodillas, destrozando sus zapatos, a los que me quedo mirando de soslayo mientras le pregunto qué talla usa pensando que quizá un día le traeremos un nuevo calzado y me responde como puede. Mientras le sirvo un café caliente a su gusto percibo una vez más la energía que nos conecta, la potente energía del agradecimiento mutuo. Este chico no tiene ni la más remota idea del bien que me está haciendo ver su sonrisa sincera que no requiere muchas palabras. 

De pronto, uno de los voluntarios, que es la primera vez que participa en esta actividad pero que tiene mucha vida a sus menos de treinta años, se descalza una de sus impecables botas y la pone junto a un zapato de nuestro amigo. En cuestión de segundos tiene lugar una conversación gestual y tras una pequeña resistencia accede y se deja poner las botas. Nuestro voluntario incluso se las ata. Nos despedimos de él y continuamos caminando y paladeando el silencio. El voluntario iba descalzo por las calles, tiró los zapatos usados en una papelera, nos despedimos y siguió su camino ajeno al mundo, ajeno a casi todo lo que no es importante.

Horas después volví al lugar de los hechos con un amigo y recuperamos los zapatos, estos zapatos que valen un potosí, valen una juventud bien entendida, la belleza de la que es capaz el ser humano. Ya lo decía aquel actor: “el mal solo se vence con el bien”. Y sin duda, ayer lo vi".


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LIVING FOR OTHERS

  • Con 20€ un niño recibirá un regalo nuevo por Navidad. 
  • Con 25€, nuestros voluntarios se acercarán a invitar a desayunar a 10 personas sin hogar
  • Con 120€ una familia recibe alimentos durante todo el año
  • Con 450€ una familia tendrá una vivienda más digna.
  • Con 325€ un voluntario podrá prestar su ayuda en el campo de trabajo de Tánger